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El sábado pasado nos congregamos en Pereira para celebrar el cumpleaños de Doris Ramírez de Mejía, nuestra hermana mayor. A la fiesta concurrimos 48 personas, entre los cuales estábamos casi todos sus hermanos e hijos, además de muchos primos, cuñados y amigos. El momento fue muy bello, las sorpresas varias y la comida exquisita. Sergio Mogollón, uno de sus yernos, preparó una documentada y jocosa biografía de Doris que prometo publicar pronto. Después de la comida yo leí los párrafos que siguen a continuación y que quiero compartir con mis lectores:

Cuentan, quienes la vieron llegar a este mundo, que Doris nació madura y lozana (y no tan arrugada y mayor como el personaje de Scott Fitzgerald que ahora hace las delicias de los públicos en forma de película).

Como iba a ser la primogénita de una tropa de 11 hermanitos, la naturaleza la dotó desde la cuna, de todos los dones que adornan a una madre: sabia, cariñosa, responsable, rigurosa y dulce.

Ella llegó desprevenida y feliz después del grito primario. Manlio y Elena se pusieron felices y pocos años más tarde agradecieron al cielo la presencia de ésta criatura que a los dos años dejó de ser única y que en menos de 15 años tuvo que asumir la responsabilidad de criar a una manada grande de niños fieros, inquietos, llorones e imposibles.

Doris ha sido siempre una especie de faro luminoso que todos queremos y respetamos como a nuestra mamá alternativa, sobre todo por su capacidad de escucha. Hoy en su cumpleaños celebramos lo que ella es y lo que representa.
A Doris no hay que preguntarle qué se siente al cumplir sus primeros ochenta años por que todos admiramos su forma de emprender cada nuevo día y su asombrosa capacidad para acumular juventud. A ella el correr de los años la renueva y por eso la sentimos cada vez más cercana, más cómplice y mejor confidente. Doris sabe imprimirle un entusiasmo contagioso a todo lo que hace y en las fiestas brilla sin aspavientos con su fuerza interior y esa alegría cálida que la caracteriza.
No es común que la gente nazca tan madura y tan fina como Doris y que se mantenga tan lozana y feliz como lo es ella. Porque Doris es única y ello se debe a que posee cualidades inusuales que ella adorna con su elegancia, belleza y gallardía.

*(Foto de Olga Lucía Herrera Soto)

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