Los comentarios a mi nota de ayer suscitó un valioso intercambio de ideas entre quienes se atrevieron a comentar el tema de la utilización de imágenes de niñas menores que resultan denigrantes para los sujetos fotografiados y degrantes para la sociedad que las produce, las difunde o las tolera.
Porque de eso se trata. De la contaminación del espacio público con imágenes y publicidad que nos empobrecen a todos y alteran el compromiso que debería existir (o que existía hasta ahora de manera tácita) de no utilizar “los menores en ningún caso, ya sea con el objetivo de vender mercancías, de plasmar emociones, de representar sensibilidades o de satisfacer apetitos” como lo expresa con precisión ungancho.

Julián y Carolina contribuyeron con dos enlaces donde se explica como El defensor del Menor en España va a pedir que se retiren dichos anuncios. Según El País, la directora de Asesoría Jurídica de la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial, Charo Fernando, coincidió con el defensor del menor en que esta publicidad “choca” y se sitúa “en el límite” de la legalidad.

Mariluz Barrera opina que debemos discutir la oferta y la demanda, “hacer un anàlisis de lo que está pasando en nuestra sociedad que al parecer tiene prisa por crecer a nuestros niños y dejar a un lado la infancia”.

El Gerente anda muy indignados con esta tendencia lo mismo que Inma Valdivia tiene muchas preguntas para nosotros, bastante difíciles de absolver.

El asunto es delicado y las opiniones están divididas. Hay gente que cree que aquí no pasa nada y que la malicia está en los que miramos estas imágenes como provocadoras. No puedo estar de acuerdo con ello y mañana espero disponer del tiempo para ampliar mis razones. Aunque aquí ya lo he esbozado. Se trata de “representaciones” que no solo empañan la esfera pública sino violan principios éticos universales.

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