usmexicofence_ap203b.jpgLa idea le ha parecido “genial” al gobernador de Texas, Rick Perry. Gastarse la bicoca de cinco millones de dólares para colocar cámaras Web permanentemente conectadas a Internet en sitios claves de la frontera con México y de esa manera ofrecer permanente vigilancia contra la inmigración ilegal.

Se trata de un proyecto “maravilloso” con el cual va a ser posible convertir a los ciudadanos norteamericanos que lo deseen y tengan inclinaciones, en soplones profesionales. De esta forma ellos podrán sentarse desde sus poltronas caseras a vigilar la frontera y llamar a la policía para informarle de cualquier aparente intento ingreso ilegal, según cuenta el Servicio de Noticias de la BBC de Londres.

Mientras tanto en Arizona hay otros que la están pasando “mejor” y no quieren esperar la compra de las “camaritas web”. Civiles voluntarios de ése estado han estado patrullando por propia iniciativa la frontera con México y hace 10 días comenzaron a construir una reja divisoria en una parte de la frontera. Nadie los ha autorizado y nadie los detiene. Se han tomado la ley en sus propias manos. En la Cámara de Representantes, por su lado, la bancada republicana insiste en aprobar una ley que criminalice la inmigración ilegal.

Y en California, el inmigrante legal Arnold Schwarzenegger
, el único gobernador que oponía a las órdenes de Bush de enviar refuerzos de la Guardia Nacional a la frontera, acaba de ceder a las peticiones del gobierno central con tal de que el gobierno federal asuma los costos de tal operación masiva.

La posición del actor y levantador de pesas Schwarzenegger no deja de ser interesante. Ha insistido en que todas estas medidas de fuerza son inútiles y las califica de “soluciones superficiales”.

No cabe duda que el problema de la inmigración ilegal tiene raíces hondas en la desigualdad social, y en el anhelo justo de millones de seres por encontrar empleo y mejores condiciones de vida. Las flujos migratorios de zonas de pobreza a otras de mejores oportunidades han existido siempre. De Europa salieron millones hacia las regiones americanas en el siglo XIX y hasta principios del XX.

La cuestión debe enfocarse a canalizar y moderar dichos flujos de tal manera que se reduzcan o que redunden en beneficio de los seres humanos que se ven abocados a emigrar.

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