Unidos y con teas en las manos nos citamos en la plaza central de Bergen unos 200 ciudadanos de Bergen para manifestar nuestra voluntad de continuo diálogo y camaradería en estos momentos de tensión y amenazas por la publicación de las desafortunadas y “famosas” caricaturas contra la figura de Mahoma. La reunión fue sencilla y los discursos cortos, sinceros y preocupados. El llamado a unir fuerzas con miras a una mayor integración entre las culturas que conviven aquí en esta pequeña ciudad de fiordos y montañas, predominó y sirvió para hacer visible que muchas organizaciones se preocupan por la interacción en lugar de la segregación.

Raouf Fsili, el líder de la mezquita de Bergen dijo:

debemos respetar la fe de cada uno y conversar entre nosotros. Yo espero que ésto sea el comienzo de algo positivo.

Raouf lamentó la escasa asistencia al evento y la falta de respuesta del alcalde de Bergen, Herman Friele. Allí había cristianos, musulmanes y católicos, decenas de noruegos árabes, negros, blancos y mestizos llegados en inmigraciones pasadas o recientes.

Esta asamblea se da como respuesta a la tensión que hay en Noruega y Dinamarca por las agresivas reacciones, que está generando la publicación de las caricaturas por parte del Jylland Posten, un diario danés serio y prestigioso. De nada le ha servido al director del periódico ni a la redacción el haber pedido perdón y disculpas a todos los que se han sentido ofendidos y el haber explicado por qué lo hicieron. La escalada de violencia que se ha generado en la región árabe en lugar de ceder parece arder con mayor fuerza y las amenazas no cesan, tanto contra el gobierno danés al que se le pide que castigue y reprima al periódico que inició la publicación, como al noruego por no hacer nada contra el periódico archi-cristiano que las reprodujo en enero de este año.

Es cierto que el ministro de relaciones exteriores de Dinamarca manejó el asunto diplomático con mucha torpeza cuando se negó en octubre del año pasado a reunirse y dialogar con los embajadores de los países árabes que fueron los primeros en reaccionar diplomática (es decir pacíficamente) por el agravio público que ellos consideran se ha cometido contra su religión y sus creencias.

¿Qué hay detrás de estas violentas manifestaciones? Muchas cosas en juego. Lo cierto es que quienes están pagando los platos rotos de este profundo conflicto cultural de consecuencias geopolíticas impredecibles, son los ciudadanos escandinavos que se dedican a trabajar por la paz, el respeto a los derechos humanos, y la ayuda humanitaria (que brindan tanto sus gobiernos como la gente misma) a cientos de familias en diversos lugares de Palestina (Hebrón y Gaza), Afganistán, Irak y Líbano. Y por supuesto los miles de niños y familias que se benefician a diario de su trabajo.

Mañana espero ocuparme un poco más de este asunto.

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