Japón es la cinematografía asiática más poderosa y que ha permanecido presente en los Festivales internacionales de Occidente desde 1952. La propuesta narrativa del film Rashomon, de Akira Kurosawa, que se estrenara en Venecia ése año, ha hecho que su nombre y sus films se mantengan muy vivos en occidente.

Una de las razones que explican la importancia y poder que tiene el cine japonés en toda su historia es el hecho de haber tenido, en sus comienzos y por muchos años, una estructura industrial muy parecida a la Hollywood, donde tres grandes estudios producían sus films a la manera de las ensambladoras de autos. Así los directores, actores y el personal técnico tenían garantizada su subsistencia y una producción continúa que les permitía afinar sus destrezas y su imaginación creadora.

Todo esto ha cambiado y ahora no hay ni siquiera escuelas de cine y los jóvenes se forman en la creación misma. Pero hasta hace 40 años, el sistema de estudios consolidó una industria prolífica donde sobresalieron genios como Kurosawa, Ozu y Mizoguchi. Ellos están representados en la muestra del festival, y también Mikio Naruse, un artista muy grande y menos conocido, con una propuesta estética en cierto modo diferente, cuyo rasgo principal es la realización de un cine dinámico, sin casi mover la cámara.
Kurosawa, por otra parte, ha sido el director de cine más popular en occidente con una obra que hay que conocer y aprendérsela, por proceder de alguien que vivió y murió siendo un gran artista.

Después de estos cuatro grandes llegó una generación intermedia de directores que se rebelaron contra el estilo de los grandes maestros, en una especie de nueva ola del cine japonés, con un cine más duro y sensual que buscaba hurgar debajo de la piel del Japón de posguerra y donde se destacan Nagisha Oshima (1926), Masahiro Shinoda (1931) y Shohei Imamura (1926).

Nagisha Oshima se hizo célebre en occidente cuando su film El imperio de los sentidos (Ai no corrida 1976) fue distribuido internacionalmente y exhibido con gran éxito en Paris y otras pocas capitales europeas. Corrida de amor (la traducción original del film) ilustra literalmente las tesis de Bataille que aproximan el amor físico a la muerte. Se trata de una de las películas más bellas sobre la pulsión erótica en el ser humano. El film asombró a Occidente y permitió que este director se diera a conocer. Su reciente Tabú (Gohatto 1999) es un film de época que ilustra cómo, la rígida disciplina de los Samurais, puede resquebrajarse ante la belleza física de uno de ellos. Por primera vez se explora así el tema del homosexualismo en ése mundo legendario y mítico de adiestrados guerreros.

In 1983, Imamura ganó la Palma de oro en el Festival de Cannes por su película La balada de Narayama (Narayama bushiko 1983), basada en la novela de Shichirô Fukazawa sobre la historia de un poblado donde se abandona a los viejos en la cima de la montaña sagrada para que mueran. Imamura, a sus casi de ochenta años, continúa trabajando y en 1997 realizó La anguila (sobre el tema de la fe, su pérdida y recuperación), una película muy joven para un director ya tan mayor.

El cine japonés sigue teniendo una abultada producción, muy variada, vigorosa y difícil de seguir desde estas latitudes. Entre los muchos directores que podría mencionar, vale la pena decir algo sobre Takeshi Kitano, al cual se le dedicó una conferencia completa durante el Festival

Takeshi Kitano es una estrella de televisión (se le conoce como Beat o Bito) muy conocida en su país. Con su primera película Un policía violento (Sono Otoko, Kyobo Ni Tsuki, 1989 retomó el género del crimen organizado (la yakuza) añadiéndole nuevas dimensiones y mostrando como la policía puede ser tan malvada y cruel como los villanos. Fue en 1993 con Sonatine, estrenada en el Festival de Cannes, como el nombre de Kitano se reveló en occidente. El film es una joya del cine japonés que renueva el cine de acción, de detectives y delincuentes. Allí y en otros films suyos, Kitano mira a estos personajes desde el ocaso de sus carreras, casi despidiéndose de un mundo violento que no quieren y del cual sacan muy poco, pero en el cual de todos modos viven y persisten.

Sus trabajos han comenzado ha difundirse más en el cine de habla española desde que el Festival de Valladolid le hiciese una retrospectiva completa, no hace mucho. Partiendo de un género popular, ha construido un cine que no es propiamente de autor, pero de gran belleza y calidad estilística.
Kitano es un talento natural y en algunos de sus films ha mezclado o usado el humor con que se le conoce en la televisión japonesa con resultados poco satisfactorios. Sus películas por fortuna están teniendo distribución comercial en Colombia, entre otras Muñecas (2002) y Brother (2000). Para los que aman el cine es un regalo que se pueda ver el cine directores tan originales e inteligentes como él.

Kin ki duk es un gran director coreano. La isla (Seom, 2000) es su mejor película. Rueda muy rápido y alcanza a producir hasta dos films por años. Su cine tiene un poder visual enorme. La forma como rueda sus paisajes, sus encuadres y la manera como sabe retirar la cámara, son incomparables. En sus detalladas historias hay un realismo aparente, porque él no documenta nada. Parece más bien estar dotado de una capacidad excepcional para retratar el alma humana. 3hierro (Bin-jip 2004) un film lleno de silencios y miradas sorprende por su profundidad, ironía y aire juguetón. En Colombia se puede apreciar por estos días Estaciones de la vida y se encuentra una entrevista buena con el realizador aquí.

El cine asiático llega a las carteleras nuestras con nueva fuerza cuando occidente se encuentra en uno de sus momentos más bajos. Por vez primera uno puede dejar de ir al 95 por ciento del cine que se está haciendo en los Estados Unidos. Fuera de Martin Scorsesse, Clint Eastwood, Jim Jarmusch y algunos otros pocos directores independientes, el panorama es deplorable. Jarmusch por ejemplo es un hombre integro y que solo filma con el compromiso de poder tener el corte final de sus films, pero se trata de un caso aislado porque lo demás es un cine sin ideas, sin ningún planteamiento moral y que se ha agotado en la acción y los efectos especiales.

Europa por su parte, anda sumida en una gran vacilación: la crisis del cine italiano es tremenda, y el cine francés apenas sale con algunos directores de valor. En España hay que esperar a que Almodóvar cada tres años estrene algo nuevo, para sentir algún soplo de innovación; o que Fernando de León vuelva a rodar.

Los hermanos belgas Jean Pierre y Luc Dardenne en Bélgica son otra importante referencia y están haciendo un cine que hurga por debajo de la Europa de los videos de promoción turística mientras Mike Lee hace algo semejante desde Gran Bretaña. El cine de Asia meridional, en este sentido, ha llegado para refrescar y rejuvenecer el cine mundial.

¿Que nos espera en el inmediato futuro?

“Temo que la producción asiática termine enclaustrándose en sus éxitos y que sus mejor directores terminen en Hollywood. Por ahora las películas de autor de los asiáticos es lo mejor que le está pasando al cine mundial en estos momentos.”

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